El último viaje
La cuenta atrás
3,2,1,0... Ómicron
3,2,1,0… explotan las carcajadas y los abrazos. Las lágrimas corren sobre la piel reseca de las mejillas, el frío rompe los cartílagos, los fuegos artificiales decoran el cielo resonando con sus estruendos. Mientras, María, abraza a madre, padre, hijo, ex. Jesús, cuelga una piñata con forma de dromedario para su hijo menor que está de cumpleaños.
Desde el fondo se escucha una multitud, su bullicio y sus discusiones. Por unas horas la nada se llena de intención.
El observador
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Divagaciones sobre el nuevo orden mundial
Repetidoras
"La crítica literaria"
Con el avance del tiempo
Reflexiones nocturnas: extracción tres y cuatro
Mono
Lo normal (rarezas del encierro)
«[...]. Que inventaran una especie de historia donde el denunciante es el culpable con informes y pruebas de dudosa procedencia, y ahí queda detallado un total estado de deterioro, físico, mental. Y si protesta le clavan un cuchillo [...]» Yo vi a la autoridad pagar a un yonqui para hacerlo, primero evitó las cámaras de seguridad para llegar a él y ante la negativa lo hostigó con una orden de arresto. Yo vi a otro agente de civil aparecer, salir de la nada para dar apoyo, con un cigarro en la mano y una navaja en la otra. «Esta es mi zona» y no nos va a involucrar… «Ponlo fuera de circulación o habrá sangre». Y preguntó: ¿Yonqui estás conmigo o no lo estás?
Rarezas del encierro
El regulador
Voy por la calle y veo a un hombre disparar a otro, observo su caída, el orificio de la bala en su frente y la sangre saliendo del orificio, pero llega el forense y me explica que en determinadas situaciones de estrés proyectar asesinatos por armas de fuego es normal y que, en realidad lo que vi fue un suicidio.
No, no existían disputas, ajustes de cuenta, nada de lo que mi mente estaba poniendo en consideración es real. Al principio tuve mis dudas, me extrañé, lo escuchaba con desconfianza, luego decidí irme y comentarlo en grupo, una de las personas puntualizó con calma que le pasó lo mismo, relacionó el suceso del asesinato con la política, habló de los trucos inconscientes de la mente. Lo leyó en libros, lo ha escuchado en la tele.
Lo mejor es ir al hospital, él ya ha ido y le recomendaron un medicamento muy efectivo para controlar la disociación de elementos. Aunque después de tomarlo se ha vuelto lento y olvidadizo ya sabe distinguir entre la realidad y la ficción. Y es que hay que tener más confianza en las autoridades —dice —, más
Parques, plazas y calles (reflexiones sobre los bancos)
En dirección a esa quietud poderosa desde donde se ve al mundo pasar. El silencio interior a pesar del bullicio. El desfile de personas y situaciones conlleva el hecho de maravillarse, pero también le es inherente una suerte de incertidumbre que en cualquier momento te puede hacer participe, cómo una gran extensión de sucesos inesperados. Desde hace tanto tengo la costumbre de buscar en la urbe y seleccionar un banco según un criterio estricto, en el que los ángulos permitan una perspectiva total sin convertirse en un punto de atención, y así sentir que hay un reaprendizaje de lo remotamente aprendido. Con todos y a la vez de estar con uno mismo.
La escabrosa historia de Ward's island
Veinte años después
Hemos dejado de hablar. El aburrimiento ha empezado. Las breves apariciones solo funcionan como presunción. El pasar de los años ha traído consigo una nueva realidad que comienza a representarse con los cambios físicos y mentales.
El periodo de la meditación y el arrepentimiento para unos, el de la soberbia y la superficialidad más absoluta para otros. Sin palabras, evadimos cruzarnos, no hay tiempos para charlas ni recordatorios. La muerte empieza a ser protagonista en los más allegados, los diagnósticos médicos no son favorables, la edad es una moderadora. Muchos cambian sus hábitos y hasta sus costumbres sintiéndose más cercanos a otras culturas que a la suya.
Viajando por España y Portugal
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El viaje (ahora o nunca)
Hotel Warfield - San Francisco 2008

