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Entrevista a Pablo López (Iconoclasta), por Juan Carlos Vásquez


-Ripoll, Barcelona...
«Un poco de hostilidad no puede hacer daño en un mundo melifluo e incruento hasta el hastío».
P
ablo López, el Iconoclasta, devela una moralidad esclava que solo beneficia a sus valedores. La religión, la sexualidad, los nacionalismos exacerbados se ridiculizan. Al desestructurar sus mecanismos aboca a cuestionar la concepción de lo preestablecido desafiando las reglas. Ningún orgullo, ninguna soberbia. La posesión de conocimiento no exonera para estar a salvo de su voluntad por derrumbar pedazo a pedazo lo que el hombre construye.

Fragmentos en la nada

Lanzarse al vacío, sentirse tan cerca pero jamas tocar fondo. Anoche estuve allí, intoxicando la sangre descomponiendo los años para obtener movimiento y, una fractura recorrió mi cráneo cuando sacaba la lengua.

San Francisco, 2006
Hotel Arlintong


Extra mundo


Voy a sustituir la realidad 

por un delirio

esta alteración implicara dejar 

muchas cosas de lado

Es el momento de adelantarme 

a mí mismo

como si hubiera perdido el juicio

sera una apuesta difícil 

y peligrosa que comienza hoy

Al fin la calle (Diario de Barcelona)

I

Botes de cerveza, botellas de whisky, cajas de vino, de cigarrillos, jeringas, condones. En Montjuic solo quedan los vestigios de lo que fue un encuentro descontrolado (y comienza la quietud). Pienso de mala gana buscando un no sé, reflexionando en que quizá hubiese sido mejor pensar más antes de estar en aquellas calles, pero el énfasis de mi reflexión disminuye.

Los amantes que van y vienen bajo las ramas del parque dejan rastros evidentes del mal estado de la salud. Camino hasta el Raval, del Raval al Borne, del Borne al Raval. Son las cuatro, las cinco, casi es de mañana… el tiempo pasa a cámara lenta. Ni el menor indicio de movilidad. Todo se conserva estático en la oscuridad. El gran silencio desciende si no tienes una ruta y surge una mezcla de temor… un sorbo al peor vino existente.   

Espacios y encuentros


Barcelona, 2018



Todos los caminos no conducen a Roma, conducen a la Plaza de Sant Oleguer, por lo menos para los que se pierden en Barcelona cuando intentan huir de algo. Tanto tiempo queriendo abandonarme a la suerte, así que, inspiré, lento y profundamente hasta llenar los pulmones con el frío blanquecino del aire nocturno. Con una profunda inhalación obligué a mis sentidos a rebelarse. No tardé mucho en cruzar grandes distancias. Otro ritmo: fotográfico, lírico, imperfecto. Un vórtice espacio-temporal.

Me apetecía suspender el tiempo, quedarme sereno y contemplativo, pero muchas cosas me suscitaron curiosidad al emitir señales. Ensimismado en el