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'Juguetes rotos', un texto perteneciente a 'Ward's Island'

Alexandre es brasileño, mediría un metro noventa, en aquel entonces tendría unos cuarenta y cinco años; de barba poblada y ojos azules. Siempre repetía que a los seis años recibió un obsequio que lo dejó fascinado; se trataba de un precioso telescopio. El padre, con una actividad inadecuada al momento y poniendo límites a su fantasía, le dijo que tendría que crecer y comprobar lo que miraba. Inmediatamente pensó en ser astronauta, luego astrónomo. Cursó algunos años la carrera en la universidad, pero se enamoró de una estadounidense que se lo llevó desde São Paulo a la Gran Manzana. Por eso, cada vez que hablaba ella aparecía una y otra vez «en sus historias».
Alexandre vivió en Astoria, en Bowery, hasta terminar (después de que aquella mujer lo dejó por otro) en Harlem, enganchado al alcohol y al Crack.

La escabrosa historia de Ward's island


A mediados del siglo 19, las Islas Randall's y Ward's, se utilizaron para albergar una diversidad de servicios sociales; el asilo «idiota», homeopática del hospital, casa pobre, un orfanato, un cementerio de los pobres,  y la casa de reposo de la guerra civil de los veteranos. También fue sede de la Cámara de Refugio de Nueva York, un reformatorio que terminó de construirse en 1854 para reunir delincuentes juveniles o personas adjudicadas como vagabundos . Entre 1840 y 1930, en Ward's Island se enterraron cientos de miles de cuerpos trasladados de los cementerios de Bryant Park y Madison Square. También se construyó un Psiquiátrico, que abrió alrededor de 1863 «Manhattan Psychiatric Center». Con 4.400 pacientes, fue el establecimiento de salud mental más grande en el mundo, en 1920 ya contaba con 6.045 pacientes. 

M35 (El viaje circular)

Nueva York, 2002


Corrí para tomar el autobús, pero no llegue a tiempo, me toco esperar. Las temperaturas variaron para construir un panorama extraño. Al nevar con rabia comencé a temblar, la parada estaba muy oscura, nervioso ante la incertidumbre vi cómo volvía a abarrotarse de gente. Me topé de bruces con la Lexington Street, pude reconocer en cada mirada (la de la ira, la timidez o la psicosis), o el perturbador lenguaje del crimen (el del heroinómano, el arrebato o el bajón), todos eran protagonistas indiscutibles de la pérdida. Medicados a voluntad. 

Vi venir al autobús M35, subí y caminé por el pasillo hasta el fondo. Muy cerca escucho decir a un hombre ser parte de las degradaciones y humillaciones de la psiquiatría institucional. Su

Nueva York | Cuatro años después

Hacia Manhattan imagen por Juan Carlos Vasquez
   Foto: Juan Carlos Vásquez

No resulta fácil percibir el tiempo mientras uno se va inundando de consejos, de razones llenas de cordura. Constantemente y por experiencia propia sabía que volver a partir implica cosas que no son tan sencillas ni tan triviales, porque al fin encontré estabilidad, una modesta contribución para reflexionar y escribir que era lo que en el fondo quería en un lugar majestuoso como nunca he visto. Ya casi estaba seguro de quedarme. Y Reconocí ante muchos que viajar no es solo sentarse en un bus, en un tren o en un avión, que no es solo llegar pasear y todo será divertido. 
También hay que alimentarse, vestirse, cuidarse de los enajenados que son muchos y de todos los calibres. Y a veces los empleos y los deseos no son suficientes para lograr lo

Nueva York breve



Los Momentos paganos se repiten una y otra vez multiplicándose para hacerse de la Ciudad. Los desgastados edificios se convierten en el amparo de todas las errancias. Hombres y Mujeres se cruzan perdidos por las calles donde lo cruel y lo generoso, donde lo opulento y lo misero convive en existencia perpetua. Un espacio que son lecciones del tiempo, mezclas de incertidumbre en un clima agreste y descontinuado. Fríos congelantes concertados en alborotosas faenas cayendo sobre los observadores que solo apuestan por quedarse en un lugar neutral tratando de descifrar inútilmente secretos. Ese ir y venir donde reina el desorden, orientándome por señas. Jornadas que enternecen y que desatan agresiones y las miradas distraídas. New York he oído relatar tus versiones, todas tan escasas e incomprensibles, tan