Alexandre es brasileño, mediría un metro noventa, en aquel entonces tendría unos cuarenta y cinco años; de barba poblada y ojos azules. Siempre repetía que a los seis años recibió un obsequio que lo dejó fascinado; se trataba de un precioso telescopio. El padre, con una actividad inadecuada al momento y poniendo límites a su fantasía, le dijo que tendría que crecer y comprobar lo que miraba. Inmediatamente pensó en ser astronauta, luego astrónomo. Cursó algunos años la carrera en la universidad, pero se enamoró de una estadounidense que se lo llevó desde São Paulo a la Gran Manzana. Por eso, cada vez que hablaba ella aparecía una y otra vez «en sus historias».
Alexandre vivió en Astoria, en Bowery, hasta terminar (después de que aquella mujer lo dejó por otro) en Harlem, enganchado al alcohol y al Crack.
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