sábado, diciembre 26, 2009

Entrevista



Entrevista al actor Eliezer Ortiz
por
Juan Carlos Vásquez





-¿A qué edad empezaste?-


Siempre fue lo que quise hacer desde que tengo uso de razón, participaba en todos los dramas, obras, conciertos desde la escuela elemental, etc. Formalmente comencé mi entrenamiento para el 1989 en el Departamento de Cultura de Caguas en Puerto Rico por la recomendación de Luis Lizardi Solá, mi primer profesor de actuación lo fue Carlos Ruiz y luego Elizabeth Sorando en la Escuela Superior Ana Roqué De Duprey en Humacao Puerto Rico. Luego me gradué con un bachillerato en drama de la Universidad de Puerto Rico y luego seguí entrenando en el Ateneo Puertorriqueño bajo la dirección de Roberto Ramos Perea y Edgar Quiles, mientras seguía haciendo teatro y cine. También entrené y estudié en mi país con Ernesto González.



- Decides partir de Puerto Rico, enfrentar todo el cambio, la soledad. ¿Cuál fue el momento más difícil de toda la transición al llegar a New York?


El ser humano tiene una capacidad de integración y adaptación admirable, cuando decido definitivamente radicarme en Nueva York conocía la cuidad como la palma de mi mano. Momentos difíciles hubo varios, pero también muchas satisfacciones, los momentos difíciles ó menos buenos prefiero reservármelos, pues todos los hemos tenido y para nada quisiera sonar como la eterna victima de los cuentos de hadas, lo importante de los momentos difíciles de la vida es lo que tú hagas con ellos, utilizarlos para evolucionar como ser humano y artista, ahí tenemos el famoso periodo azul de Picasso.


-Cuando te conocí pertenecías a una organización cultural llamada Spanic Attack, también fuiste director del grupo teatral que hacia vida en el Julia de Burgos Foundation. ¿Como fue tu experiencia en la ciudad de los Rascacielos?



Con Spanic Attack hice una película experimental llamada Razones para el Exilio que se presentó en varios festivales de cine, lo que hice en el Centro Cultural Latino Julia De Burgos fue dirigir por dos años la Unidad de Entrenamiento Raúl Julia del Teatro Rodante Puertorriqueño que dirige Miriam Colón, ahí se dan clases de actuación, dicción, baile, canto, etc. para jóvenes de escasos recursos de las comunidades latinas de Nueva York. Mi experiencia en la cuidad de los rascacielos ha sido vital en mi carrera, allí estudié, hice teatro, cine y creé unas bases artísticas y una ética de trabajo muy solidas que continúan conmigo hoy día.


-¿Qué te ha impulsado a dedicarte a esta profesión?-


Lo que más me ha impulsado es que esta es una carrera en donde puedes estar en contacto con los seres humanos, ya sea en el escenario, la pantalla ó la radio y puedes tocarlos, decirles y hablarles; algo que parece ser muy difícil en la era tecnológica en donde estamos viviendo. También me impulsa mi fortaleza interna, que es como una voz interior que siempre me habla y me dice “sigue y no pares”, mi eterno deseo de aprendizaje me impulsa mucho pues pienso que un actor nunca está terminado.



-¿Te identificas con algún personaje de los que has interpretado?-

He hecho muchísimos personajes y de todos ellos tengo muy buenos recuerdos, se me viene a la mente rápido Woyzeck de Georg Büchner y Truffaldino de El Pajarillo Verde de Carlo Gozi, uno representa el ser oprimido y el otro la alegría y la supervivencia. En cine hice una nueva versión de Otelo en donde hago el personaje principal pero aun no ha salido. A todos los personajes los he disfrutado mucho.


-¿Un director?

Deborah Warner con quien tuve el honor de trabajar, me dirigió en The Angel Project en el Lincoln Center de Nueva York, ella es una de las directoras de teatro más importante de nuestros tiempos, una persona totalmente visionaria.


-¿Un Guionista?

José Rivera, el guionista de Los Diarios del Motociclista. José es un extraordinario dramaturgo también.


-Talento o esfuerzo. ¿Qué consideras que tiene más importancia?

El talento es súper importante por que como dice el refrán “Lo que natura no da, Salamanca no presta”, pero el esfuerzo y la disciplina son lo que realmente te mantiene motivado a querer hacer más y a lograr tus objetivos. Talento sin esfuerzo y disciplina es tiempo perdido. Como dijo Gilda Navarra, una Maestra de mi país “La disciplina no es una obligación, es la gloria de pertenecer a un arte sagrado al cual uno sirve, es una religión”.

-¿Qué prefieres: el teatro, el cine...?
Yo prefiero trabajar.


-¿Cual es la diferencia mas notable entre la enseñaza actoral Latina y la anglosajona?-

La enseñanza actoral anglosajona es más enfocada en la actuación de adentro hacia fuera, en hacer menos y menos pero a la vez no quiere decir no hacer nada, es una técnica en donde no se te puede ver la costura de que estas actuando, es bien mínima y casi naturalista pero con mucha intensidad detrás de todo. La enseñanza latina tiende hacer un poco más grande y enfocada al escenario, es mas teatral, recuerda que somos más expresivos si nos comparamos con una persona anglosajona, pero todas las técnicas y escuela están perfectamente aceptables siempre y cuando hagas tu trabajo como actor y le des a tu público lo que le tienes que ofrecer y que el personaje necesita. El actor debe tener una maleta llena de técnicas y recursos que le ayuden a encontrar lo que el personaje necesita, ninguna técnica es mejor o peor que la otra, es simplemente una herramienta de trabajo.


-Desde que salistes de Puerto Rico has transitado, has vivido en New York y actualmente resides en la ciudad de los Ángeles. ¿Que reflexiones, que experiencias han hecho madurar a Eliezer Ortiz en el sentido de haber llegado a ser el Ganador del premio al Mejor Actor en el 2008 por la película "2042". En Actuación de la Escuela de Teatro de la Universidad de California, los Ángeles?

Por supuesto las experiencias de la vida misma te ayudan a moldear un personaje, todo es una eterna escuela, pero para mí el trabajar incansablemente es vital y es siempre lo que me ha proporcionado todo. El entrenamiento ha sido también la espina dorsal de todo mi trabajo, con el entrenamiento que hice en Puerto Rico, en el Teatro de Arte de Moscú, en el British American Drama Academy (BADA) en Oxford University y por supuesto mi maestría
en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) he crecido muchísimo como ser humano y artista. De los premios te tengo que decir que son muy buenos y cuando llegan pues se reciben pero como dijo Luis Rafael Sánchez: “Los premios como los amores no se buscan, llegan”. Yo no trabajo por los premios, trabajo porque necesito hacerlo.


-¿Qué es lo más complejo y qué lo más placentero de tu carrera?

Lo más complejo es que vives en una eterna incertidumbre porque no sabes lo que va a pasar además de que estás ideando con rechazo la mayor parte del tiempo, y la gran mayoría de las decisiones para el casting de un proyecto no tienen nada que ver con tú talento. Esta carrera es para personas que son de verdad bien fuertes internamente porque son muchas las tempestades que hay que enfrentar, es una carrera para quien resista más. Lo más placentero es todo el proceso de descubrimiento, que estás haciendo algo diferente todo el tiempo, no es monótono, vives muchas vidas, épocas, etc. te estás alimentando constantemente y conoces personas maravillosas.


-Siempre existe ese alguien que nos inspira. Que nos empuja a recorrer un trecho. ¿A quién o a quiénes admiras en tu profesión?

He tenido la gracia de contar con mucha gente que me ha apoyado en todo momento como Ernesto González, Luis Lizardi, Mel Shapiro, Ivonne Coll, Gil Cates, Michael Mclain , Sir Anthony Hopkins, mi familia y amigos los cuales no tengo que mencionar porque ellos saben quiénes son. En mi profesión admiro a toda artista que da lo mejor de sí y quien es serio y comprometido con su trabajo. Te tengo que confesar que considero a Judi Dench, Luz Minerva Rodríguez, Javier Bardem y Forest Whitaker una inspiración.


-¿Qué estas haciendo ahora y cual es tu próximo proyecto?

Al momento me encuentro ensayando la zarzuela Luisa Fernanda, estoy muy contento porque es mi debut en el género y hacen ocho años que no trabajo en español , también me encuentro esperando por alrededor de una decena de proyectos cinematográficos que ya filmé y no han salido todavía.


-Eliezer. ¿Cual ha sido el papel que mas has disfrutado y por qué?-

Truffaldino en El Pajarillo Verde, porque era bien travieso, juguetón, astuto, etc. Fue de verdad un placer interpretarlo aunque al final terminaba exhausto porque era bien físico y requería cien por ciento de energía en todo momento.


-En las obras de teatro, como espectáculo en directo, se provocan en muchas ocasiones anécdotas curiosas. ¿Nos recuerdas alguna?

Cuando estaba haciendo La Cantata, los actores íbamos del camerino hacia el escenario y había que tomar un elevador, pues el elevador se detuvo con todo el elenco adentro, no paso nada finalmente pero esos segundos en donde estuvimos encerrados fueron eternos.


-Una obra de teatro o… dos o tres.
Tito Andrónico de William Shakespeare, Ana en el Trópico de Nilo Cruz y Bodas de Sangre de Lorca.

-¿A donde te gustaría viajar?

A Marruecos y Egipto.


-¿Cómo te visualizas en el futuro?

Como una persona bien exitosa, trabajando todo el tiempo, sin parar y siempre bien ocupado. No quiero ser famoso pero si grande y respetado, quiero tener la fama de los músicos de música clásica, son bien respetados y queridos en su disciplina pero fuera de ahí nadie sabe quiénes son.


-¿Qué consejos darías a los lectores de esta revista, personas que luchan por materializar sus sueños?

Que no se detengan, que trabajen y estudien mucho y jamas permitan que nadie les diga que no pueden. Recuerden que nunca nadie va a trabajar por ti más que tú, si alguien esta trabajando por ti más que tú hay un gran problema.


-Regálanos unas últimas palabras.
Soy simplemente un ser humano que hace lo que le gusta, siempre doy lo mejor de mí, trabajo hasta la saciedad y por eso soy muy feliz. Ah y si me necesitan me llaman o escriben, siempre busco retos y personajes que me digan algo.

Publicada originalmente en Herederos del Caos
Video: Eliezer Ortiz Acting Reel




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Eliezer Ortiz, posee un bachillerato en drama de la Universidad de Puerto Rico y una maestría (MFA) de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) en actuación. Posee entrenamiento con el Teatro Del Arte De Moscú en la Universidad de Harvard, E.U. y British American Drama Academy (BADA) en la Universidad de Oxford Inglaterra. En UCLA estudió con el actor ganador del Oscar Sir Anthony Hopkins; Gil Cates, Mel Shapiro, Ellen Geer, April Shawhan, Linda Kerns y Henry Goodman. También estudió con la compañía teatral The Actors Gang.

Sus créditos de teatro más importantes, incluyen; The Angel Project, en el Lincoln Center bajo la dirección de Deborah Warner, Corazón de Gas, Acto Sin Palabras II ( Geffen Playhouse, LA) Tell Me A Story Papi (Teatro de Repertorio Español, NY), Pleacent Ave (Teatro Rodante Puertorriqueño, NY), Sketch of Life (Proyecto Urbano de Acción Teatral, NY), A Grand Guignol Cabaret (Sunset Gardner Stages, LA), (dub) zeck (Highways Art Space, LA), Greenly High, Izzy y Allie, The Maelstrom Whirlpool (The Complex Theater, LA), El Pajarillo Verde, Sueño de Una Noche de Verano, Los Últimos Días de Judas Iscariote, Big Love, Vida Afuera del Cuerpo, el Activista, Electra, La Ultima Cinta de Krapp, Una Obra Para Actores, Barro (McGowan Hall, LA) y Luisa Fernanda (Million Dollar Theater, LA).

Eliezer fue parte de la colaboración de teatro más grande en la historia de los Estados Unidos de América; el Suzan Lori Parks 365 Festival, con las obras The Air Over Omaha y The Will of The Worlds Way en Highways Art Space Los Angeles.

En su natal Puerto Rico sus créditos teatrales incluyen; Las Troyanas, Jesús el Hijo del Hombre, Vasco Núñez de Balboa, El Mayor Monstro del Mundo Los Celos, Las Viequenses, Romeo y Julieta, Mucho Ruido y Pocas Nueces, Miles la Otra Historia del 98, El Burlador de Sevilla, Lorca que Te Quiero Lorca, El Retablillo de Don Cristóbal, Tres Hermanas, Las Brujas de Salem, El Bosque Mágico, La Ranita Bailarina y La Cantata.

Eliezer hizo su debut cinematográfico en Bajo Sospecha y luego ha participado en La Ultima Transformación de Francisco, El Conocimiento de Ali, Capitulo 21, Rancho Limmikin, Buscando a Dios en la Ciudad de Los Ángeles, Proyecto Benazir Bhutto, Archivo de Horror, Carril de Sombra, Debbie y Desdi, 2042, Nivel 7, 40 Domingos, Kwame, Mórbido Una Historia de Amor, Alice Inc., Agarra Una Nueva Vida, Wardog, Hermanos en Sangre, Circunstancias, Solo Otro Homicidio y Razones para el Exilio.

El Sr. Ortiz fue el Director de la Unidad de Entrenamiento Raúl Juliá del Teatro Rodante Puertorriqueño bajo la dirección artística de Miriam Colon y ha enseñado en UCLA. También fue el asistente del actor y director ganador del Tony Roger Robinson en la obra Emigrantes, que representó a los Estados Unidos en el Cuarto Festival De Teatro Internacional en Santo Domingo Republica Dominicana.

Ortiz ganó el premio al Mejor Actor en el Los Angeles 48 Hours Film Project Festival por su interpretación de Ronald Donnellson en el filme 2042. Fue honrado dos veces por el National Hispanic Foundation For The Arts Award así como el Premio Jack Oakie por excelencia en actuación.

Durante el 2009 Eliezer Ortiz ha estado celebrando sus 20 años en el escenario.
e mail: sireliezer@hotmail.com

jueves, abril 30, 2009


Entrevista a Susana Medina
por Juan Carlos Vásquez



¿Qué te impulsó a ser escritora?

De adolescente, cuando tenía 14 años o así, escribía poemas nefastos, como hacemos muchos adolescentes. Por aquel entonces, una lectura vital y totalmente trasformativa fue Hojas de Hierba de Walt Whitman. Me encontré con una visión donde se celebra todo, una visión panteísta y eufórica, un canto que es energía pura, la palabra como energía, como alquimia. Fue un momento decisivo. Empecé a escribir cuentos, me dieron unos cuantos premios, tuve un profesor de literatura que digamos que me apoyó, amigos que esperaban que escribiera. Así es que me encontré con una vocación que yo no sabía si quería. Todo esto fue un primer paso.

En un segundo momento, lo que me impulsa a la escritura es la posibilidad de crear un mundo que todavía no existe. Escribo por razones estéticas. También por conocimiento, por curiosidad. Por la necesidad de imaginar, de entender, de procesar experiencias.

Hablaba antes de cuestionar la vocación literaria. El punto de partida para mi primera novela, Trozos de Una, fue Beckett, el Beckett más minimalista. Es un punto de vista catastrófico para empezar una novela. No sé hasta qué punto fue una cuestión de crear algo. Era más bien una cuestión de destruir, de deconstruir.


-En tu obra se percibe un tiempo de evaluación y rompimiento que conlleva a una inevitable crisis y un irremediable cuestionamiento de los valores establecidos, sorprendentemente estas rupturas crean un juicio condensado y renovador ¿Acaso hay que quebrantar los límites para encontrarnos con nosotros mismos?

Más que quebrantar los límites hay que explorarlos, ir más allá, volver, asomarte a lo que has sacado de esa experiencia.

Lo de encontrarnos a nosotros mismos es algo efímero y nunca sabes hasta qué punto se trata de un espejismo. Nada es estable, todo cambia, todo está en perpetuo flujo, movimiento. Por lo tanto si llegamos a encontrarnos a nosotros mismos, es algo temporal, nos encontramos y nos perdemos, no somos del todo dueños de nuestras vidas. No sabemos con certeza lo que va a suceder durante la próxima media hora.

-¿Qué hay en Londres que no exista en otras partes? Coméntanos sobre tus vivencias en los países donde has residido.

Me fascina la heterogeneidad suprema de todo. El poder ser público y anónimo al mismo tiempo. Esas son cosas que Londres ofrece. Y es la ciudad donde conocí a mi pareja, que es artista visual, Derek Ogbourne.

A diferencia de Nueva York, la modernidad de Londres no reside entre otras cosas en su arquitectura, sino en la multitud de puntos de vista de sus habitantes. Londres es una de las pocas capitales donde hay abundancia de zonas verdes, parques y si tienes suerte, o dinero, puedes tener una casa con jardín. Por otra parte, las casas son bajas, de un piso, o dos, y eso hace que puedas ver toda la ciudad desde varios miradores. Está el río, el Támesis. Últimamente creo que la monumentalidad de Londres la hace cada vez más frágil. Es una monumentalidad demasiado afirmativa.
… He crecido en España, vivido en Italia, me tendrás que entrevistar de nuevo para que conteste a la segunda parte de la pregunta.

- En algún instante has referido a propósito de tu obra Slumberville que te interesa muchísimo los sueños porque incluso pueden amenazar tu integridad cotidiana, podrías mencionar algunos de ellos, la interpretaciones más intensas que consideres han surgido.

Creo en la sabiduría de los sueños y también en su sentido del humor, la habilidad del sueño para tomarte el pelo, su humor negro. Los sueños se cuelan en la realidad impregnándola de conocimiento mágico. Me encantan las coincidencias. No creo en la videncia ni en el psiquismo. Sin embargo, no puedo sino aceptar que unos cuantos de mis sueños han sido premonitorios. Los sueños a menudo te cuentan cosas que ya sabes, pero que tal vez no las quieras saber del todo. Esos sueños me fascinan. A veces ejercen de abogados del diablo. No me refiero a esto. Me refiero a sueños que te dan información que desconoces, y que en ese momento es enigmática, no la entiendes. Por ejemplo, aparece un nombre, digamos “Silvia”, en un contexto que no entiendes. Y luego, dos meses más tarde, aparece una Silvia en tu vida, y el contexto en que aparece es más o menos el contexto del sueño. Es increíble, en cierto modo, espeluznante. Es decir, cuando en el sueño aparece información muy muy concreta, como puede ser un nombre y su contexto. Lo único que puedo pensar es que ya conozcamos algo del futuro, que haya puntos de contacto entre diferentes mundos y tiempos.

No suelo utilizar mis propios sueños en mi obra, aunque tengo diarios y diarios de sueños. AquÍ va un sueño que aparece en Slumberville y que está basado en una serie de sueños que sí que tuve. “El sueño de la pagoda”:

Eureka observó los botines rojos de nuevo, salió de ellos y aterrizó en un limbo donde era posible que no hubiera nada. Los botines rojos a su vez le transportaron a su sueño favorito. Los botines le transportaron al sueño de la pagoda. Fue entonces cuando experimentó otra revelación en la que se le revelaba de dónde venía su bolso favorito, un bolso con motivo de pagodas que ella solía llamar su bolso kistch espiritual. Lo trivial, un bolso, le traía una epifanía, aunque a su bolso favorito no se lo podía considerar una cosa trivial. Por ahora, había tenido ese sueño tres veces. Cuando tenía ese sueño permanecía todo el día extática, en un estado de bendición. El sueño era sin lugar a dudas un sueño orgásmico. Orgásmico en el sentido espiritual de la palabra, en el sentido que la experiencia mística siempre se describe en un lenguaje sensual que implica una disolución del yo para unirse a algo más amplio. El sueño era simple. De repente se encontraba en un edificio que era un lugar histórico que era un templo budista cuyo exterior iba descubriendo poco a poco para descubrir que era una pagoda rodeada de pinos que daban al océano. La visita de la pagoda se traducía en una sensación definitiva de armonía interior, en la certeza de haber alcanzado algún tipo de equilibrio consigo misma, en una expansión espiritual. El día que tuvo ese primer sueño, se sintió translúcida, sin peso material, leve. La segunda vez que soñó con la pagoda entró en su interior, en una de las salas. La tercera vez, no entró dentro. La tercera vez la exploró por fuera, subió su escalera espiral de madera burda. Era un edificio que siempre cambiaba pero siempre reconocía. Y el reconocerlo le hacía sentirse radiante, como si la pagoda fuera parte de ella misma.
El paisaje kistch espiritual de su bolso con la pagoda de tonos ocres y amarillos no era idéntico a la pagoda del sueño. Pero era una pagoda al fin y al cabo. Y fue en ese momento, al mirar sus botines rojos, que supo que por eso se compró el bolso y se convirtió en su bolso favorito, porque la remitía a ese sueño prodigioso. Con ese sueño supo que había alcanzado un nuevo estado de discernimiento. Con el tiempo, ese sueño se convirtió en un combustible que le dio energía para siempre, que le llenó para siempre de una sustancia amiga. Miró su bolso y se dio cuenta que se trataba de un objeto fronterizo, un objeto que pertenecía a la frontera borrosa que hay entre el sueño y la vigilia.


-Hay tantos mundos y tantas percepciones de estos mundos, a menudo todo se confunde. Aun en las urbes más pobladas todo se vuelve desértico. El materialismo y el consumismo tergiversan las ideas. En una párrafo de medinaciones dices: "La visión que cada uno tiene del mundo no es sino una ficción conveniente para justificar, cobardías, maldades, envidias, inseguridades, ("tu posición en el mundo").
¿Cuál es la posición de Susana Medina en el mundo?

Mi posición es: Si sólo vivimos una vez, vamos a hacer todo lo posible para crear un mundo mejor, más interesante, más inteligente, más consciente de sí mismo, de sus posibilidades. Mi posición va cambiando con las experiencias que voy teniendo. Es una posición de asombro, perplejidad, una posición que es una oposición, “j´accuse, yo acuso”. Creo que las cosas pequeñas son importantes, hacer algo a ese nivel, crear espacio, no dar espacio a las cosas que crean más basura, hasta cierto punto somos impotentes, pero todos constituimos el poder, cada uno de nosotros podemos decidir no perpetuar las cosas que no queremos que se perpetúen.

Sí, a menudo todo se confunde. El aforismo que mencionas es un aforismo provocador. Se le puede aplicar a algunas personas, la inseguridad, el miedo, la envidia que puede llevar a la maldad se esconden tras algunas opiniones, acciones. Tras la publicación de Souvenirs del Accidente y al hacer una lectura en inglés lo puse entre signos de interrogación. En ese momento, me pregunté si inicialmente iba dirigido a los lectores misántropos, a los cínicos. Algunos de los aforismos estaban ahí como objetos brutales, sin matices.

Es decir, tenemos que ser conscientes de dónde proviene nuestra posición en el mundo, nuestras ideas, nuestras opiniones, nuestras reacciones, nuestros gustos y disgustos, aquello de lo que renegamos. Todos tenemos vulnerabilidades. Cada experiencia y relación nos transforma. Si sabes ver desde dónde hablan los otros, cuál es su posición, puedes entenderlos, aunque no estés de acuerdo.


-Escribir aparte de ser una necesidad vital, es un compromiso con nosotros mismos. ¿Hasta dónde quieres llegar? ¿Cómo visualizas tu futuro?

Sin lugar a dudas, la recepción del trabajo de uno, no depende del autor. Para mí la escritura es reinvención. No me planteo llegar a ninguna parte, ni suelo visualizar mi futuro. Pero si visualizo, me visualizo viva. La supervivencia, el mantenerse vivo es ya todo un logro. Muchas cosas dependen del azar, hay muchas cosas que nosotros no elegimos. Ahora en estos momentos nos encontramos sumergidos en una crisis mundial que nos dicen supera el Crash del 29. Hay cantidad de gente que ya estaba en un estado de precariedad absoluta antes de la crisis. Por una parte, puede que sean los que mejor están preparados para enfrentarse a esta recesión galopante. A los que les afecta como algo nuevo, es algo que les que va a costar mucho procesar. Se les ha servido un fracaso económico en bandeja, es el equivalente humano de un desastre natural … Creo que no he contestado a tu pregunta. Para resumir, en parte, mi compromiso depende de mi supervivencia.


-Como educadora y escritora, ¿cómo has percibido el cambio en la sociedad? Es decir, ¿cómo has percibido con el transcurrir del tiempo las transformaciones a consecuencia del cambio acelerado y permanente en los aspectos económicos, tecnológicos? ¿cómo influye la debilidad de creencias, carencia de ideologías, como educadora que análisis harías, como escritora que te es lo que te ha marcado más de esta nueva época?

Como fenómeno me interesa muchísimo el Internet, la cibercultura, la independencia en el pensamiento, la jerarquía horizontal, la movilización política. El Internet te abre las puertas a todo esto. Tú como lector juzgas lo que es interesante y lo que no lo es, eliges, mezclas, descartas, actúas. Es una gran sopa de la que pueden salir cosas muy interesantes, socialmente hablando.

Como profesora, veo que existen grandes ganas de saber, de explorar. También me pregunto hasta qué punto la atención de los individuos disminuye cada vez más, en el Internet sólo se tienden a leer cosas pequeñas, fragmentos, estamos ante una cultura del fragmento.

-¿Qué cosas o conceptos crees que te definen como persona o artista?

Escribir es una forma más de respirar. A veces se trata de una respiración artificial. Con cada obra intento reinventarme. Para mí, la obra, mi propia obra, debe ser un desafío, una aventura estética. Explorar terra incognita es una especie de vicio mío. Salir de mis zonas de confort, de las zonas de confort de las literaturas que conozco, si es posible, intentarlo.

Mi escritura tiende a ser bastante visual, a utilizar espacios paradójicos, metáforas visuales: colillas, mariposas, zapatos, objetos, charcos. Ese es el caso tanto de Cuentos Rojos como de Los juguetes filosóficos. Ambos libros están estructurados entorno a metáforas visuales. Y ambos libros se salen del género al que se supone que pertenecen. En Cuentos Rojos hay una tensión entre la poesía y el cuento, es un libro que está a caballo entre la prosa poética y la narración. En Los juguetes filosóficos la novela se convierte en ensayo. Creo que en este juego con los géneros hay algo de humor, la ruptura de las expectativas como humor. El humor es una constante en mi persona. Me encantan los autores cómicos. La seriedad está sobrevalorada. Los serios la sobrevaloran. Ambos enfoques tienen su lugar y su momento.

-¿Qué es lo que más te ha hecho ilusión en la vida, hasta ahora?

Me encantan las coincidencias. Y siempre me sorprende la bondad, es como que deja un rastro mágico.

La palabra “utopía” me hace ilusión. La resurrección de políticos como Gandhi me haría ilusión. Me haría ilusión que a una enfermera se le valorara tanto o más que a un hombre de negocios. Que se inventara un sistema monetario justo, que se aboliera el dinero, que hubiera una concienciación de lo ridículo de la carrera de ratas que hace que haya gente que mate, hiera, joda o explote al otro para enriquecerse.

-Eres un alma inquieta, ¿a dónde te gustaría viajar o volver a ir?, ¿qué deseo te gustaría ver cumplido?

Me encantaría viajar al futuro para ver cómo se resuelven muchos de los problemas que tenemos hoy en día. Ver las nuevas tecnologías e invenciones. Las curas a enfermedades como la ceguera, la demencia, la avaricia, la estupidez humana. Un salto que me permitiera ver lo que no puedo ver ahora.

Me encantaría volver a Islandia y poder ver la aurora borealis, que no la he visto. Ir a Méjico y pasarme dos meses.


-¿Qué autores lees actualmente?

Leo mucho del Internet, surfeo, leo a mis amigos, a mis amigas, gente con la que me tropiezo en las redes sociales. Estoy leyendo Homenaje a Cataluña de George Orwell y El maestro y margarita de Mikhail Bulgakov, que es un clásico y tardó veinte años en publicarse. Suelo leer varios libros a la vez, y claro, meterme en el que más me toca.


-¿Actualmente en qué proyecto estás trabajando?

Por una parte en una novela que se llama Días giratorios de la noche en la que la protagonista pierde la dimensión sónica de forma repentina y se enfrenta a un mundo al que le falta esta dimensión. Por otra parte, me acaban de invitar a realizar para la Tate Modern el Árbol de Borges. Es un árbol del que cuelgan citas de Borges. También empecé a co-editar con Isabel del Río, una escritora bilingüe que escribe cuentos deliciosos, una antología de escritoras hispanas que viven en Inglaterra. Somos muy pocas, pero como que formamos parte de un satélite hispano en Londres. De broma, me refiero a este proyecto como “una antología de morenas hispanas con ojos morenos residentes en Inglaterra, con la excepción de dos de ojos azules y pelo plateado”. Queda por encontrar editorial. Es un proyecto interesante, pero difícil.

-¿Nos podrías recomendar algunos Libros?


La lectura es siempre un encuentro, como cuando te embarcas en una amistad nueva, lo haces porque de alguna forma esa persona te toca. Y también es algo en parte generacional. Como ya he mencionado, la primera obra que verdaderamente me impactó fue Hojas de Hierba de Walt Whitman ...
… Rápidamente y al azar, te digo lo que se me pase por la cabeza durante los próximos veinte segundos:
J. G. Ballard acaba de morir. La exposición de atrocidades y sus cuentos y luego todo lo demás, excepto Corriendo al Paraíso.
La obra teatral de Beckett.
En las montañas de Holanda de Cees Noteboom, sobre el deseo (Me encontré este libro en la calle, sin tapas. No sabía quién era su autor y el libro me sorprendió).
Los viajes de Gulliver, de Swift
El Aleph de Borges y explorar su obra.
Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino.
El país de las maravillas, de Lewis Carrol.
El país de las últimas cosas, de Paut Auster y Trilogía de Nueva York.
La Habitación Sangrienta, de Angela Carter.
La literatura portátil de Enrique Vila-Matas, que en cierto modo Roberto Bolaño retoma y desarrolla.
Me interesan las lecturas contrastadas. Leer a Paul Celan y la poesía de Bukowski, los cuentos de Cortázar (“Adiós Robinsón”) y la obra seleccionada de Kathy Acker.


¿Qué consejos darías al lector de esta revista, hombres y mujeres con ganas de reflejar sus propias historias?

Que se adhieran a la silla y se pongan a plasmar lo que quieran plasmar, que hagan todo lo que consideren necesario para hacerlo, que creen las circunstancias propicias para poder adherirse a la silla.


—Regálanos unas últimas palabras sobre cualquier tema que te interese...

Afortunadamente y desafortunadamente me interesan casi todos los temas. Me fascina la neurociencia. Nos puede dar claves para que nos entendamos mejor como seres humanos, para aclararnos. El cerebro es un órgano asombroso. Billones y billones de neuronas en danza increíble …Termino con un trozo que está al principio de Slumberville:

Le fascinaba la vida invisible, sobre todo la vida invisible del cerebro, los billones de células que estaban en un estado incesante de comunicación, como si nunca se cansaran, durante la vigilia, al dormir, al soñar. Veinticuatro horas al día. Y ahora ante la calculadora del ordenador, Eureka recordó que el día que le entrevistaron para el trabajo, la doctora Mossman le dijo algo que había oído varias veces. Le dijo que cada cerebro era como una galaxia, cada cerebro era único, cada cerebro era diferente, cada neurona era diferente, como era diferente su relación con las otras neuronas. Y que si se unieran las conexiones neuronales en una línea, llegarían a medir 800,000 kilómetros de longitud. Todo eso ella ya lo sabía, pero de alguna forma le costaba creérselo, como también le costaba creerse lo que se decía de que si se unieran las conexiones neuronales en una línea, la línea podía cubrir la distancia de ida y vuelta a la luna. Lo que más le sorprendía eran las cantidades exorbitantes, el que en cada cerebro hubiera billones de células, el potencial incesante que esos datos implicaban, la orgía de posibilidades que cada cabeza albergaba.


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SUSANA MEDINA nació en Inglaterra (Hampshire) en 1966. De madre alemana de origen checo y padre español, tras vivir unos meses en Alemania, su familia se trasladó a España (Valencia) en 1968, donde se educó. Al leer en las cubiertas de libros que los escritores a menudo viven en otros países, cuando tenía 19 años se fue a Londres. Fascinada por el 'multi-culturalismo' y las subculturas de esta ciudad, estudió Historia del Arte e Italiano en University College y vivió durante un año en Venecia y Bolonia donde estudió en el DAMS con Umberto Eco y Dario Fo. Aunque más o menos residente en Londres desde 1987, hasta hace poco tiempo ha escrito en español, su lengua materna. Trozos de Una, una anti-novela escrita cuando tenía 25 años, recibió una Beca Creativa de la Generalitat de Valencia. Otras aventuras narrativas incluyen Cuentos Rojos (1997) que incluye el Premio Internacional de Cuentos Max Aub y Souvenirs del Accidente (Germanía, 2004), que reúne poemas, aforismos y textos. Philosophical Toys (2007) es su primera novela en inglés, de la cual proviene el corto cinematográfico Buñuel's Philosophical Toys (24 mins), que se ha mostrado internacionalmente.Siempre ha escrito en una diversidad de medios interdisciplinarios, fascinada sobre todo por los huecos existentes entre las artes, los géneros y las disciplinas, lo lúdico y lo mortalmente serio. ("A menudo se confunde la coherencia con la homogeneidad. Para ser coherente, el arte debería disparar en todas direcciones", dice en Souvenirs del Accidente). En 1992 y 1993 recuperó una serie de espacios abandonados para organizar varias exposiciones internacionales que gozaron de buena acogida por parte de la crítica y la prensa, en especial Space International y Reproducciones, en conjunción con el video-artista Derek Ogbourne y John Russell (editor de Frozen Tears). Ha colaborado con artistas, y revistas sobre arte, así como publicado y dado una serie de ensayos y conferencias sobre arte, literatura, cine y fotografía. Su obra literaria se ha publicado en numerosas antologías y revistas y ha sido traducida a varias lenguas. Es traductora voluntaria para PEN, en el Programa de Escritores Encarcelados.Actualmente está inmersa en Slumberville (una novela sobre sueños). En junio 2006 obtuvo su doctorado, Borgesland (sobre espacios imaginarios en la obra de Jorge Luis Borges), que realizó en Birkbeck University de Londres, donde originalmente cursó su MA en Estudios Hispánicos. Enseña literatura hispánica en la Universidad de Middlesex, Londres.Otros honores incluyen la beca de investigación 'Arts and Humanities Research Board', el premio 'The Snowdon Award' y una beca de escritura del Arts Council (febrero 2008), para su novela, Días giratorios de la noche.

lunes, diciembre 22, 2008

No es lícito inclinar volitivamente la cerviz frente a criminales con poder de mando político

Por Juan Carlos VÁSQUEZ [*]

El profesor Enrique Plata Ramírez, Doctor en Literatura Iberoamericana por la Universidad Complutense, uno de los principales investigadores de la Literatura en la Universidad de Los Andes de Venezuela, dice de Alberto Jiménez Ure: «Es un escritor que no necesita presentación alguna. Su amplio trabajo narrativo, ensayístico y poético no sólo es bastante conocido sino que comienza a ser estudiado y reseñado en las más importantes universidades nacionales, e incluso en algunas del exterior, como la Universidad de Salamanca y la ya citada Complutense (ambas de España). Más recientemente, en la Universidad de Costa Rica (donde se difundió la segunda edición, ampliada, de Cuentos Abominables» y donde la Magister Shirley Montero Rodríguez publicó un libro sobre su obra intitulado Tres discursos de la postmodernidad en Cuentos Abominables de Jiménez Ure. A propósito de la publicación de sus libros Alucinados (novela, Ediciones Caminos de Altair), Dictados contrarrevolucionarios (Ediciones del Rectorado de la Universidad de Los Andes), Pensamientos profanos (ALEPH universitaria) y la novela Escoria (Edición de Los Herederos del Caos), aparte de Jiménez Ure a contracorriente (del fallecido y notable escritor Juan Liscano, ALEPH universitaria, finales de 2008) entrevistamos al irreverente escritor venezolano cuya obra literaria casi alcanza los cuarenta títulos publicados.----------------------------------------------------------------------------------------------------
-¿Vives la soledad del escritor? ¿Necesitas compartir lo que escribes con alguien? ¿Grupos o tertulias literarias, familiares, amigos...?

-Soy, entre los hijos de [Eva] la primera, un desterrado. En la actualidad, mi único arraigo está representado en la figura de mi hija Venus [de sólo 12 años]. Territorialmente, soy un desarraigado: un fustigado e incomprendido apátrida. En cambio, mi pequeña y yo somos aliados. Vivimos solos: soy su padre y su madre, su custodio, cobijo y quien ilumina su sendero. Por otra parte, admito que me agrada ser leído. Me divierte mucho, me intriga ad infinitum. Entre mis lectores y yo existe un tácito pacto para sempiternamente hibernar la disputa o comunión que pretendía emboscarnos. No doy a nadie mis libros cuando están en fase prenatal o evolutiva. Empero, ya publicados me place obsequiarlos a personas que presumo les gusta leer. Bebiendo licor en tascas, ocasionalmente discuto con intelectuales sobre Literatura y Política. Igual sobre la Filosofía: esa, «la impúdica», mi Alma Mater. Y sobre Deus y el Demonio, que si existen. Alrededor de Abraxas, que también vive y al cual todos conceden audiencia por su investidura de vieja data.
-¿Con qué género te identificas mas?

-Los críticos literarios y quienes suelen analizar mis textos en los claustrofalaces de la Educación Media o Superior afirman que soy, fundamentalmente, un narrador. Quizá por esa causa, yo debería comulgar con ellos y decir que me identifico más con la Novela o Cuento. Pero, en mi defensa frente al fraude ante el cual nunca capitularé, admito que no tengo una «partida de nacimiento oficial» respecto a géneros literarios. Durante mi niñez, escribí distinto a lo que me exigían en la escuela. A veces formulé ideas, pero igual expelí mis tormentos. En otros instantes vertí al papel [cuentos] invenciones quizá «macabras». No eran tiempos de «procesadoras de palabras» y la ficción manuscrita era un supremo acto ritual, tanto como hoy lo es propagar historias o pensamientos mediante la Tecnología Multimedia. De ese modo desahogaba mis miedos infantes, mi indefensión y profundo desarraigo que jamás se revertiría en mi existencia.

-¿Qué te sirve de fuente de inspiración?

-Mi «perversa» psique, mi percepción de una realidad pródiga en sucesos «malignos», mis vivencias, mis lecturas filosóficas, las «abominaciones» de la especie menos inhumana a la cual parece que pertenezco y que jamás cesan, mis bienaventuranzas y tragedias.

-¿Qué diferencia, entre tus primeras obras y las más recientes? ¿Cómo definirías tu evolución?

-Similar a los espermatozoides que tras la falotración son eyectados para competir por fecundar un óvulo, mis libros no parecen diferir mucho en curso del tiempo. Están diseminados. Unos parecen más tenebrosos, otros más filosóficos o perturbadores de conciencias. Fueron expulsados de mi hereje y profana mente, con obvios propósitos de fecundación. Si fracasan o tienen éxito, ello no exterminará al embrión.

-Hay libros que siempre recordamos a lo largo de la vida, ¿Cuáles conservas en tu memoria?

-Cuando no soy quien los recuerda, me los recuerdan los lectores: las novelas Aberraciones, Adeptos, Facia y Desahuciados. Mis libros de cuentos intitulados Suicidios, Abominables, Macabros y Maleficio. Mis enunciados poéticos Luxfero, Lucubraciones, Revelaciones, Deus y Aciago. Mis Pensamientos profanos, Epitafios, Pensamientos dispersos […]

-¿Qué estás leyendo actualmente y por qué?

-Tengo interés en conocer lo que escriben los más jóvenes y en leer ensayos de profesores universitarios [Los hijos de Acteón, de Mantilla Chaparro, por ejemplo]. Siempre releo a filósofos clásicos como Shopenhauer, Mill, Niestsche, Prohudom, Marx, Cappelleti, Sartre, Séneca y otros. Hace poco leí El niño que fui, de Saramago [no me gustó, muy frívolo]. Un libro de una chica que afirma ser mi discípula, y que me impactó, titulado Mundo inmundo [Marie Josue Saintux]. Me encanta la generación de relevo de los Herederos del Caos que conformamos los hacedores nacidos a partir de la mitad del Siglo XX, y que, durante el alba del XXI, todavía podemos ser, mediante nuestros escritos, A la Humanidad Lesivos o Venerables. Qué importará a los desahuciados del mundo.

-¿Tienes planes, alguna obra nueva?

-Tengo inéditas dos novelas breves: Escorias y Decapitados. La antología máxima de mis cuentos, titulada Absurdos, y El despotismo [ensayo] que me gustará publicar durante el 2009. Fueron escritos entre los años 2007 y 2008. No escribiré durante varios meses, porque me siento intelectualmente fatigado y porque el nefasto ambiente político venezolano me inquieta u ofusca.

-¿En tu trayectoria como escritor, cuales han sido las trabas y los procesos mentales que han desligado todos los inconvenientes para que tu obra fluctúe con propiedad?

-Mis días infantes fueron felices, aun cuando plagados de «espectros» de mi imaginación, en un campo petrolero venezolano. Mi pubertad no fue tan apacible y estuvo expuesta a los peligros de la pre-iconoclasia que finalmente daría fama al desenfreno e irreverencia de los jóvenes de la famosa Década de Los Años Setenta [Siglo XX, claro]. Mi adolescencia fue sitiada por los alucinógenos, el rock, la disipación sexual, lecturas filosóficas, el hessenianismo, sartrenianismo, camusianismo, millernianismo, beatlesianismo, the peace and love, la ruptura y ningún concilio con quienes emprendieron guerras mundiales [había que esputar contra las ideas imperantes]. Mi edad adulta ha estado signada por una responsabilidad que no pretende exculparme. Trabajé durante casi treinta años en una de las universidades venezolanas mas vetustas, venerables, nunca senil, de origen clerical. Estoy en situación «de retiro legal», pero todavía mantengo cierta presencia en sus recintos.
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-¿Qué opinas de la Literatura Venezolana, algún autor que desearías comentar?

-La venezolana es una nada reprochable literatura, parida por talentosos escritores: algunos de los cuales, inexplicable e inexcusablemente, se han colocado en decúbito frente a quienes capitanean ese insulto a la inteligencia denominado Revolución: que no gobierna para el vulgo sino que inflige, que fortuitamente lastima, manipula con inmoral propaganda, infecta conciencias y tima a los ingenuos e ignorantes.

La «Revolución Venezolana» es una chatarra ideológica producto de inteligencias abortadas durante los Siglos XVIII y XIX, y que, eufemísticamente, pretenden difundir bajo el nombre de Socialismo del Siglo XXI. Si menciono uno, dos, tres autores venezolanos que me persuaden […] Si lo hago, quienes no sean incluidos en mi sumario podrían sentirse aludidos. No me interesa querellarme con canallas, con quienes capitulan por mendrugos, fatua figuración pública o por cobardía. No es lícito inclinar volitivamente la cerviz frente a criminales con poder de mando político.

-¿Cómo nace tu obra «Escorias»?

-Se trata de una novela rigurosamente existencialista, con algunos elementos que estigmatizan mis ficciones y que críticas como la profesora costarricense Shirley Yorleny Montero Rodríguez califica como post-modernos. Mi edad y mis depresiones me han convertido en una persona más vulnerable, motivo por el cual mis experiencias con los personajes que protagonizan en Escorias me afectaron tremendamente. Al extremo que intenté suicidarme un par de veces, con sobredosis de antidepresivos mezclados con licor. Anhelé se me oficiara un tedeum.

-Dentro de la novela vemos un fuerte referente en el alcohol, ¿lo utilizas para escribir?

-No, nunca escribo cuando bebo. Tampoco platico con Baco todos los días. Puedo dejar de libar durante meses. No rindo culto a la bohemia. Quise consagrarme al ascetismo, pero me gustan las mujeres.

-Dicen que leer un libro es iniciar una aventura y dejarse en manos de un guía que te conduce a un lugar por descubrir. ¿A dónde se puede llegar de la mano de Alberto Jiménez Ure?

-Si no está psíquica e intelectualmente alerta, quien me lea con excesivo apego podría estar cometiendo un gravísimo error. En cualquier calle, me ha ocurrido toparme con jóvenes que se han arrodillado ante mi para llamarme Luxfero y ello me produce estupor.

-En una frase de tu obra «la Vindicación del Caos», dices:

Aquí estamos La Naturaleza y yo:
En el Panorama de la Literatura Venezolana,
Un hacedor que inspira suspicacias
Y murmuraciones malsanas.

¿De alguna manera te sientes excluido?

-No excluido. Me siento sistemática y absurdamente difamado, inculpado por cometer una literatura distinta y descarnada. No soy el monje, monstruo o degenerado que irrumpe en las tramas de mis novelas o cuentos. Frente a mi narrativa, soy el pontífice que se aparta. Pero, si adhiero a mis enunciados poéticos. Ese soy. Ya no narrador omnisciente, sino quien no teme a las Tinieblas cuando forzosamente transita por la jurisdicción de los que andan por el mal sendero.

-¿Has tenido algún maestro indiscutible?

-No. Nadie, jamás, se atrevió a ser mi «maestro». Pero, durante mi iniciación literaria pública, tuve el padrinazgo de Juan Liscano. Fue un notable poeta y ensayista venezolano de gran prestigio internacional. Amigo e interlocutor de Octavio Paz, Cabrera Infante, Neruda, Borges, Bioy Casares, Victoria Ocampo, Vargas Llosa, Otero Silva, Carlos Fuentes, Reinaldo Arenas, Alejo Carpentier, Uslar Pietri, Rómulo Gallegos […] Fue asesor de algunos presidentes de Venezuela y pertenecía a una familia de pudientes, de propietarios de bancos.

-¿Qué consejos darías al lector de esta revista, hombres y mujeres con ganas de reflejar sus propias historias?

-Que no tiene sentido ser un hacedor maquillado y temeroso. No importa qué pueda suceder o qué consecuencias pudieran generar nuestras invenciones o testimonios, nuestro librepensamiento. Los escritores no tenemos por qué ser culpables cuando procedemos guiados por la Razón Inmutable.

-Regálanos unas últimas palabras sobre cualquier tema que te interese...

-Durante los siglos VII-IV a. de C., los intelectuales griegos versificaron sus reflexiones y se produjo, sin interdicciones, el parto de ese objeto de la discordia que en nuestra realidad y tiempo conocemos como [Literatura] Poesía. Todos los textos eran escritos en versos y tenían rasgos épicos. La guerra por la dominación entre poblaciones fijaba esos cantos, esas formulaciones. Al cambio de las cosas, queda explícita su inmortalidad.

[*] Fundador de la Revista de Creación Los Herederos del Caos. California, EEUU.

martes, septiembre 30, 2008

jueves, septiembre 18, 2008

Viaje San Francisco New York

Cielo de New York


En el Bus de GreyHound


Denver, Colorado

Rock Spring


Estacion, Utah

Viaje San Francisco New York




martes, septiembre 09, 2008

De San Francisco a New York (Tres años despues)

  • De San Francisco a New York (Tres años despues)
  • No resulta fácil percibir el tiempo mientras uno se va inundando de consejos, de razones llenas de cordura. Constantemente y por experiencia propia sabia que volver a partir implica cosas que no son tan sencillas ni tan triviales, porque al fin encontré estabilidad, una modesta contribución para reflexionar y para escribir que era lo que en el fondo quería, en un lugar hermoso como nunca he visto. Ya casi estaba casi seguro de quedarme. Reconocí ante muchos que viajar no es solo sentarse en un bus en un tren o en un avión, que no es solo llegar pasear y que todo será divertido.

También hay que alimentarse, vestirse, cuidarse de los enajenados, Muchas veces no hay empleo y los libros ya no sirven. Es cuando solo queda mirar los árboles, el cielo, caminar observando a los transeúntes, sentirse ignorado y preguntarse que hago yo aquí.

Pero era cuestión de tiempo porque en tipos de personas como yo las ideas de perpetuarse en un sitio se descalabran en cualquier instante y con el peor peso. Por mas argumentos por mas evidencias porque me interesa mas seguir y la rutina en vez de envolverme me hastía, mi conciencia es un hervidero de ansiedades. Advierto la muerte de las repeticiones y las nuevas ideas se ponen en marcha. Mi cuerpo y mi mente vuelven a rebelarse y eso quiere decir que es la hora.

Después de tres años vuelvo a New York, después que se pisa esta ciudad no hay otra que sea lo suficiente. No importa que le odies, mientras mas odio mas necesidad tienes de entenderle,
Es una ciudad que arrastra al mundo mientras escruta un significado que todos tratan de obtener y que no podrán. Por eso es mejor dejar de afanarse y salir a caminar, en sus calles siempre se consigue algo nuevo, terrible y despreciable o inimaginadamente hermoso...

SAN FRANCISCO, SACRAMENTO, RENO (NEVADA), BATTLE MOUNT, WENDOVER, SALT LAKE CITY (UTAH), ROCK SPRNG, DENVER (COLORADO), RS ALDA, OMAHA, BURLINGTON, CHICAGO, OHIO (CLEVELAND) PHILADELPHIA, PENNSYLVANIA, NEWAR, NEW YORK...

domingo, agosto 10, 2008



REPORTAJE A LUIS BENITEZ (poeta argentino)


Quisiera empezar por preguntarle sobre su formación como escritor y sus influencias literarias. ¿Qué es lo que le llevó a escribir?

-Comencé a escribir –a intentar escribir literatura- a los 11 años. Recuerdo que se trató de un pseudocuento titulado El Alfiler, que felizmente no conservé. Luego insistí con algunos otros relatos, de los que sólo recuerdo un título: La Rata Verde, con el que gané un concurso de la escuela secundaria que me llenó de orgullo y confusión. Respecto de la poesía, mis primeros intentos se produjeron alrededor de los 15 años, más bien como consecuencia de mi afán con las lecturas de los clásicos españoles del siglo XIX y XX. Aprendemos por imitación, ya sabemos. Luego descubrí a los vanguardistas franceses, y, posteriormente, hacia mis 20 años, a la poesía inglesa, que le dio un giro fundamental a mis intentos. Los poetas que más me impactaron entonces fueron los románticos ingleses: Byron, Coleridge, Shelley, Keats; luego T.S. Eliot, Ezra Pound, y fundamentalmente, Dylan Thomas, para mí –en mi desarrollo- el autor más importante. Y por supuesto, los poetas metafísicos ingleses del siglo XVII, que son una lectura ineludible.
Además de los que ya referí, por supuesto Pablo Neruda (influencia de la que felizmente ya me liberé) y César Vallejo (influencia que me gustaría que se hubiera acentuado más en mi obra). También numerosos autores norteamericanos, como Allen Ginsberg, Allen Tate, Edgar Allan Poe, Denise Levertov, Richard Wilbur, Theodore Roetke, Amy Lowell y su sobrino (como poeta, menor que su extraordinaria tía) Robert Lowell, Emily Dickinson y en menor medida, Gregory Corso. Entre los argentinos, desde luego Jorge Luis Borges, el inevitable Borges. Y también Juan Laurentino Ortiz, Joaquín Giannuzzi, Antonio Requeni (posiblemente el mayor poeta argentino viviente, en mi opinión), Oliverio Girondo, César Rosales, Olga Orozco, Francisco Madariaga y Enrique Molina (estos dos últimos fueron mis amigos).
Respecto de qué me llevó a escribir, creo que fue un impulso que tenemos todos: el afán de expresar nuestras difusas sensaciones, de ponerlas en el papel para verlas frente a nosotros con alguna forma, examinarlas y creer que, así, comprenderemos algo de eso que somos; una idea errónea, sin duda, ya que las palabras transforman a las sensaciones… en palabras. En otra cosa que aquello que son, realmente, y que nunca comprenderemos cabalmente. Además, si es que uno va progresando un poco en literatura, llega el momento en que se da cuenta de que aquello que escribe le pertenece menos una vez que está escrito; se ha vuelto algo objetivo, externo, algo que puede compartir con los demás –cree uno- cuando en realidad los demás lo leerán desde sus propias ópticas, que difieren de la nuestra, desde luego y es bueno que así sea. Además, conspira contra esta idea primitiva de la “expresión del yo” el hecho de que descubrimos que lo escrito tiene sus propias reglas y su propio mundo, insertado en una tradición de 6.000 años de antigüedad. Eso es mucho tiempo y marca a lo escrito, lo quiera uno o no. Para la literatura lo importante no es el hombre que la escribe; a ella sólo le importa ella misma. Lo que nos suceda a nosotros sirve apenas –y en el mejor de los casos- como disparador del texto, es lo que acciona primariamente el gatillo. El arma tiene su propio blanco.



¿Qué lo mueve a elegir un tema?

Francamente, yo no lo sé. Simplemente surge inicialmente como una sensación difusa, lo que yo llamo “el fantasma” del poema que será después. Es algo sin límites claros, casi sin forma, y desde luego, no está hecho de palabras. Puede motivar su aparición una frase oída al pasar, más habitualmente algo que leo o que recuerdo. La memoria, que es caprichosa, resulta de gran ayuda para escribir, porque deforma a su gusto los recuerdos y así, aquello que fue un momento feliz, según creíamos, puede ser recordado años después con tintes sombríos u otras connotaciones, vaya uno entonces a saber cuáles. Estas deformaciones de la memoria también son un proceso creativo, no hay por qué subestimarlas. Luego, el fantasma del que hablo se vuelve impuro, se mezcla con otras impresiones, diferentes evocaciones, se le agregan partes ajenas, posteriores a su primer surgimiento, y allí, con muchísima suerte, ya se va volviendo parcialmente palabras: tenemos el comienzo o el final del futuro poemas, un verso o a veces, apenas una parte nuclear de él. El fantasma ha perdido peso, lo va ganando el lenguaje. Luego, las tramoyas del español, la más plástica de las lenguas; después la tergiversación sucesiva, los cambios de rumbo del sentido inicial; las treguas, cuando nos olvidamos casi por completo del asunto; posteriormente, la retoma por parte de uno, nosotros, que ya no es el mismo de días atrás, uno que trae otros aportes… El poema es siempre colectivo: lo hacen los sucesivos señores que somos, según pasan los días. El tema, me parece a mí, en definitiva, es lo menos importante de un poema. Es, por así decirlo, una excusa que emplea el poema para referirse casi siempre a las mismas cosas.


¿Cuál es la rutina de Luis Benítez a la hora de escribir? ¿Cuáles son las mejores horas y sitios para usted?

No tengo una rutina, al menos cuando escribo las primeras versiones de un poema. Puede aparecer en cualquier momento el fantasma al que antes me refería. Me ha sucedido escribir en el autobús, en el tren subterráneo, en plena calle tuve a veces que entrar a una cafetería porque se producía el asalto. Otras veces, escribí versos aislados apoyando cualquier papel contra un árbol o un muro. Ahora que el proceso de las versiones finales sí tiene siempre otros escenarios de mayor recogimiento y en esto me pongo muy quisquilloso: tengo que estar en mi cuarto, o en un sitio aislado, sin ruidos, frente a un ordenador, porque si bien generalmente escribo las primeras versiones a mano, con bolígrafo, sobre papel sin renglones, las sucesivas versiones hasta arribar al poema final –lo poco que queda del fantasma- tengo que hacerlas sentado frente al teclado gris y la pantalla brillante, una y otra vez. ¿Antes de sentarme? Bien, siempre hay algunos ritos. Bacon sólo podía escribir vestido de etiqueta y con un gato persa sobre las rodillas; Hemingway y Camus escribían de pie frente a las Underwood de entonces; Scott Fitzgerald tenía que beberse una botella entera de champaña al comenzar y al terminar una novela. Yo, para escribir las versiones finales de un poema tengo que dar muchísimas vueltas por la casa, mascullando como un búho, mientras escucho música –particularmente tango, que es mi favorita- fumar tres o cuatro cigarrillos rubios, tomar whisky y renegar, antes de ponerme a trabajar. Son rituales propiciatorios; no significan nada en sí mismos, pero son necesarios e imprescindibles. Me estoy poniendo viejo y son mis manías, dan resultado y no veo necesidad alguna de cambiarlas.


¿Qué es lo que más difícil que le resultó dominar dentro de la poesia?

Particularmente, el ritmo, un elemento que es específico de la poesía y, contra lo que muchos piensan y hacen, no resultó abolido por el advenimiento del verso libre o blanco. Sin ritmo no hay poesía o se trata de poesía defectuosa, lo que equivale a decir que podemos escribir poesía sin ritmo y que resulte genuina, pero será “un poco menos poesía”. Lo que buscamos, si somos honestos hasta reconocer que la pifiamos en algún punto, es poesía avant la lettre. Y por lo tanto, debemos tener en cuenta que si los significados se entraman con la forma de un modo original y exacta, pero al conjunto le falta ritmo, ese poema carece de una de sus tres patas. Y una cosa cualquiera, el poema incluido, no se sostiene sobre dos patas, sino sobre tres. Caso contrario, se cae. No entiendo como desprecian tantos el sonido de las palabras y sus combinaciones; parece un prejuicio alimentado por la fobia a la rima, una enfermedad infantil de la poesía contemporánea, por temor a parecer reminiscente, cuando la rima interna, no necesariamente la establecida por las sílabas del corte de verso, es tan sana y tanto apuntala al conjunto. Thomas Sterns Eliot apuntaba que “no hay facilidades en el verso libre para el muchacho trabajador” y creo que sigue teniendo razón. Me llevó varios años comprender los alcances de esta simple verdad en poesía y dos décadas más ejercer algún dominio sobre lo comprendido, pero estimo humildemente que valió la pena. Siempre valdrá la pena algo así, ¿no?


¿Cómo es su proceso de corrección?

Muy fastidioso. Tengo que sentarme muchas veces frente al texto antes de comprender finalmente que sí, que definitivamente está terminado, que es una obra acabada. Es que todo lleva a algo como “terminado”, “acabadado”, “culminado”, que remiten obligadamente a la muerte. La verdad es que creo que está terminado / “muerto” para nuestro proceso interior, donde primero fue un fantasma, después un monstruo todavía sin forma, proteico, en constante transformación, pero también opino que una vez terminado el poema comienza a transitar por su segunda vida, pues sólo existe en el mundo cuando alguien lo lee o escucha. Hacia ello va el proceso de corrección: es como afilar un instrumento, un arma; la corrección es el procedimiento que le da filo, lo que le permite entrar en el lector. La corrección despoja al poema de los ripios, las rémoras que retrasarían su ingreso al espíritu del lector. Por ello es tan importante su proceso. Las joyas en bruto no brillan demasiado.


¿Cómo combate el bloqueo del escritor, si es que alguna vez lo ha sufrido?

Simplemente, dejando de lado el texto por el tiempo que sea necesario. Mientras tanto, puedo seguir con otro o no hacer nada. No puede forzarse la elaboración del texto. Las veces que lo intenté, el resultado fue técnicamente aceptable, pero las palabras carecían de alma. No sucedía nada o muy poco al leerlas. Y el vacío, en letras, es particularmente horrible.
En sí, me ha sucedido pocas veces el famoso y temido bloqueo, porque sólo encaro la escritura de poesía cuando está bien definido el impulso y la mayoría de las veces dura lo suficiente como para dejar eso escrito allí, delante de uno.



¿Qué opina de la Literatura Hispana en los Estados Unidos?

Resulta interesantísimo leerla, tenemos buenos escritores trabajando en Estados Unidos. Durante los años que viví en Nueva York conocía muchos de ellos y aparecio la obra de poetas como el cubano Rafael Bordao, que maneja un español magnífico, tiene mucho para decir y lo hace muy bien. Es uno de los poetas más interesantes que conozco, medido, directo, medular en su escritura. Bordao conoce muy bien todas las posibilidades que brinda una lengua tan rica como la nuestra y sabe sacar el mejor partido de esas posibilidades. Sin embargo, su empleo del arsenal de recursos del español literario nunca cae en el exceso, en la metáfora lujosa e innecesaria, en los ripios que entorpecen la lectura y nublan el sentido de las palabras. Conjuga muy bien la herencia española con las fuentes latinoamericanas y norteamericanas, opera manejando una delicada y difícil síntesis de distintas tradiciones y le da al conjunto una impronta definitivamente personal, absolutamente suya. El ha llegado a ese punto, tan buscado y tan complejo. Para mí, la obra de Rafael Bordao es una suerte de paradigma del intelectual latinoamericano que escribe fuera de su país.
Bordao es un ejemplo cabal de lo que por aquellos años me anticipaba la poeta y crítica norteamericana Phillis Levin, respecto de las posibilidades de la literatura latinoamericana y su proyección en el conjunto de la poesía occidental. En una de nuestras frecuentes conversaciones, Phillis comenzó a apuntar hacia las posibilidades que tenía la poesía latinoamericana de convertirse en la renovación del género en el hemisferio occidental, basándose en una concepción entonces sorprendente. Según su concepto, expresado cuando la idea de multiculturalismo era algo más que la delicada hipocresía actual, los sentidos que habían animado a la poesía en Europa y en su mismo país, daban muestras de estar agotándose rápidamente. Lo decía no sólo con convicción, sino además con entusiasmo. Como todos los buenos norteamericanos, ella era también sincera en primerísimo primer plano. El tema me interesó, lógicamente, y la animé a que desarrollara su idea.
Dentro de lo disponible en Occidente, manifestó Levin, nadie como nosotros, los latinoamericanos, había logrado sintetizar los aportes culturales del Viejo Mundo y de la América anglosajona, habida cuenta de la influencia que tenían, ya entonces, las obras de los poetas venidos de este último topós cultural. Por otra parte, habíamos hecho de esas influencias una síntesis nueva, incorporándole elementos terciarios que nos eran propios, resultado de la tradición poética varias veces secular de cada uno de nuestros países. Según Phillis, ávida lectora de traducciones a su idioma de Nicanor Parra, Pablo Neruda, César Vallejo, Olga Orozco, Alvaro Mutis y Enrique Molina, entre otros autores de nuestra porción del Nuevo Mundo, esa síntesis lograda iba a deparar un cambio trascendente de un alcance global. Levin era entonces senior editor de la revista Boulevard, una de las más importantes de los Estados Unidos y su opinión es algo para ser tenido muy en cuenta. Cuando leo a Rafael Bordao, siendo claramente que mi amiga Levin estaba en lo cierto.



¿Cómo nace su poema El Hudson?

El proceso fue el mismo que describo en una pregunta anterior, respecto de cómo, en general, surgen en mí los poemas, pero en el caso particular de El Hudson, el impulso fue dado por el mismo objeto real, el río que baña la costa oeste de la isla de Manhattan, cuando yo vivía allí. Yo solía pasear por las calles de Nueva York muy seguido, pues es una ciudad que me gusta mucho, y frecuentemente terminaba en sus límites, dados por el Río del Este y el Hudson. Una tarde me quedé largo rato a las orillas de este último, observando a los barcos cargados de turistas que entraban o salían del puerto de la ciudad, y viendo a los grandes y pesados buques cargueros tajeando las aguas grises. Por aquel entonces, yo estaba escribiendo Manhattan Song, un poemario todavía inédito que publicará este año Ediciones Sol Negro, de Lima, Perú, y que incluye en su versión original este poema, El Hudson.
En mi contemplación, di en pensar que las aguas del mundo en realidad son una sola, ya que el Hudson, como el Ganges, el Amazonas, el Mapocho, el Río de la Plata, el Támesis, el Rhin, el Danubio y cualquier otro río, así como todos los océanos y mares, son agua que entra y sale de la tierra firme, conectadas todas sus partes por mezcla directa o por filtración; pensé que todas las partes eran simplemente porciones de las mismas aguas que ocupan los dos tercios del planeta. Era una sensación “oceánica”, tal como la definió Romain Rolland alguna vez; un contacto con lo sagrado –esa vapuleada palabra- y con lo ominoso, que siempre forma parte de lo sagrado. Es una impresión fuerte, sin duda, y la llevé conmigo durante semanas. Fue creciendo en mí y de a poco, como dije antes, el fantasma se fue volviendo palabras, luego series de palabras, versos desunidos que en sus propios tiempos y demoras fueron conformando el poema. Como si las aguas reales fueran encontrando sus caminos para reunirse a través de las palabras, para convertirse en esa sola unidad, que es el poema El Hudson.


Si tuviera que recomendar algunos libros, ¿Cuáles recomendaría y por qué?

Desde luego, recomendaría aquellos libros y autores que más influyeron en mi escritura, porque fatalmente creería que del mismo modo que me ayudaron, podrían ayudar a otros a encontrar su propia voz. Por supuesto, no dejaría de recomendar a quienes me escucharan que buscaran sus propias afinidades, peso sí, yo recomendaría los que voy a nombrar ahora. A comienzos de este año, Peter Davis y Thomas Koontz, de la editorial Barnwood Press, de Seattle, Estados Unidos, publicaron el segundo tomo de “Poet´s Bookshelf”, un interesante volumen donde consultan a 100 poetas respecto de los libros que más influyeron en su formación. Tuvieron la gentileza de invitarme a participar junto a poetas como Robert Bly, David Shapiro, Alicia Ostriker, Dennis Schmitz y Reginald Sheperd, entre otros que aprecio y leo habitualmente y ello, además de ser un gran honor para mí, fue la ocasión de sistematizar un listado de esos libros y autores que me ayudaron desde sus obras a saber dónde buscar la mía, proceso en el que todavía sigo perseverando.
Homero, "La Odisea": Ulises es un hombre moderno, que burla a los dioses y a los otros hombres. Es una imagen de lo que vendrá, escrita ocho siglos antes de nuestro tiempo.
Francisco Gómez de Quevedo, "La Hora de Todos": una concepción muy lúcida de la situación de la humanidad en todo tiempo, hermana de “Elogio de la Locura”, de Erasmo de Rotterdam.
Federico García Lorca, "Poeta en Nueva York": la sensibilidad en contacto descarnado con la alienación y la grandeza de las grandes urbes, que se han impuesto definitivamente a toda reminiscencia rural.
André Breton, "Manifiesto del Surrealismo": una escala de valores que barrió definitivamente con toda secuela del siglo XIX; hoy es parte del dogma oficial del arte y la literatura, pero hay que conocer eso en sus orígenes.

Dylan Thomas, "Poemas Completos": La figura del poeta y el hombre que fue Dylan Thomas es uno de los hitos señeros en mi poesía y además en mi vida personal. Fue quizás el menos literario de los poetas ingleses, según gustaba definirse a sí mismo, y ello porque no separaba –hasta las últimas consecuencias, como lo demostró cabalmente- su existencia como autor y como persona de los efectos de la aberración obligatoria de todo lo humano -ya en su época, la primera mitad del siglo XX- producida por la mecánica de un mundo que creamos –como cultura global- para destruirnos voluntaria/involuntariamente. Esto es, no se alienaba en literato célebre, pese a que era una de las figuras más importantes de la poesía inglesa de su tiempo, en esa sola condición de productor de bienes simbólicos a la que nos quiere reducir nuestro tiempo (que sigue siendo el suyo, pese al cambio de siglo), sino que sostuvo la última consigna a la que puede renunciar un poeta, la de administrador de uno de los sentidos posibles de la realidad –para mí la mejor, pero soy parcial- aun más allá del límite de sus fuerzas. Fue un revolucionario no sólo en poesía, sino en su correlato más inmediato: la vida misma del sujeto poeta. No era el borracho que todos creyeron imitar como si consiguieran algo de su talento y un gramo de lo que estaba diciendo. Fue la coherencia del sujeto que, enfrentado al mundo de la modernidad, siguió la batalla que se originó muy lejos, cuando un modelo de hombre que se resistió a morir enfrentó al modelo de hombre que parecía triunfante una y otra vez, y siguió peleando y muriendo, ignoto o célebre, para decir “sí, todavía era posible, yo fui la prueba viviente de que, en mi tiempo, todavía era posible”.
Jorge Luis Borges, "Obras Completas": él me enseñó la precisión, la buscada exactitud de las palabras.
Walt Whitman, "Hojas de Hierba": la libertad de la palabra, el cenit del verso libre, algo que humildemente creo todavía no superado por poeta alguno.
Thomas Sterns Eliot, "La Tierra Baldía" y "Cuatro Cuartetos": la comprensión del espacio y el tiempo del siglo XX, donde se estrella la concepción cristiana del mundo, algo que sólo un gran poeta como Eliot podía poner en verso. Somos su posteridad, golpeada por ese estallido, que sigue resonando como el Bing Bang.
Ezra Pound, "Cantos Pisanos": el sujeto en la concatenación de la historia de la cultura, que comprende que él mismo es una construcción cultural.

¿Qué autores lee actualmente?

Estoy releyendo mucho, porque la poesía es el género de relectura por excelencia, entre otros títulos los “Collected Poems” de Marianne Moore, una autora extraordinaria, aun no suficientemente reconocida fuera de su país. Como Ezra Pound, es una autora más grande que el movimiento al que adhirió inicialmente, el imaginismo.

¿Cómo caracterizaría el panorama literario del momento? ¿ Cree que se están creando innovaciones en el lenguaje?

Sería mucho mejor que se produjeran innovaciones en los sentidos de interpretación de la realidad, pero eso es siempre pedirle demasiado al siglo; es por ello que celebramos toda innovación de las formas. No me parece que, como decía Marguerite Yourcenar, todo esté ya escrito y la literatura haya terminado con el final de la antigüedad clásica; pienso que puede ser renovada la imagen del mundo, pero que se trata de una proceso muy lento y que, mientras tanto, se dan transformaciones de las formas, entre ellas la del lenguaje, que inevitablemente acompaña la metamorfosis más gradual de las ideas, ya que el lenguaje es el elemento que estructura el pensamiento. Si los cambios e innovaciones del lenguaje no llegan más hondo todavía, no es porque éste se haya estancado, sino porque el cambio en las formas procede lentamente para la escala de las mutaciones más radicales. Las transformaciones del lenguaje literario actual preanuncian los cambios de sentido de la imagen del mundo de mañana. El panorama literario actual refleja como un espejo este proceso.


¿Tienes planes, alguna obra nueva?

Estoy trabajando desde hace un año, aproximadamente, en un poemario nuevo, llamado “Las Imaginaciones”, y puedo darte aquí un anticipo, un inédito exclusivo para “Herederos del caos”:

Bucólicas / Teología

El barco que veo en el espejo
Sigue siendo poco gobernable
Aunque
Vacunamente todos entramos
En este otro corral del tiempo
A 1/2 viaje todavía
Entre la parición y el degüello
El ganado de dios va por sus varias vidas
Pastando por los sucesos y los días
Como si fueran ciertos
Y el gran cuchillo invisible
Siempre esperando
Adelante
Si salimos un momento del camino
Detrás de algo verde
Siempre sucede algo malo:
Es dios que silba

Nos hizo un solo dios
Aburrido y hambriento


¿La sociedad parece destinada a ir contra la vocación creativa, e inclinarse por oficios y profesiones tradicionales. ¿Qué contribuyó en usted para que su vocación no se extinguiera?

Creo que en un autor, tiene mucha importancia en este aspecto la obcecación. Uno está convencido de que eso, la escritura, es parte inherente de su personalidad y que, en realidad, no le interesa hacer otra cosa. Entonces convierte a la escritura en su objetivo primario, supedita todo lo demás a ese objetivo. Trabajar dentro de la sociedad donde vive –algo ineludible para comer, alojarse, vestirse, comprar libros, viajar, etcétera- se transforma en un objetivo secundario, algo que tiene importancia sólo en relación a poder escribir. Se dejan muchas cosas de lado, cosas que constituyen la vida misma de la mayoría de las personas y nada tiene de malo que así sea, tanto para nosotros como para la mayoría de las personas, que esos sean los caminos elegidos. Uno no puede, llegado el momento, concebirse a sí mismo sin escribir y cuando se da cuenta de ello, generalmente es ya muy tarde para volver atrás. Entonces, algo queda muy definido. Y tener algo bien definido en este mundo, es una ventaja muy considerable, ¿no?


¿Cuál ha sido la misión de su vida?

Escribir. Lo demás, como queda dicho, ha sido siempre secundario; importantes sí, han sido algunas otras cosas, pero nada me hizo nunca tan feliz –pese a su intensidad- como escribir.
Yo escribo poesía para ser feliz.


¿Que ha significado para usted la publicación de Breve Antología Poética por parte de ediciones Juglaría?

Un gran honor, porque tanto el editor, Reynaldo Uribe, como la antóloga, Elizabeth Auster, han confiado sus mejores esfuerzos a que se produjera la publicación de un libro que reseña mi obra poética, estimando que ella tiene algún valor, que algún aporte hace a la literatura de mi país, la Argentina, y a las letras castellanas en general, y sabiendo por mi parte que es una apuesta poco usual esta de encargarse de antologar la obra de un poeta todavía vivo, sin los lauros que da la inserción generalmente póstuma en una tradición. Y particularmente, también me he sentido un poco viejo, comprendí que ya no soy el poeta joven que en 1980 publicó su primer libro, “Poemas de la Tierra y la Memoria”, salido entonces de su bolsillo y de las facilidades que daba un imprentero al que le gustaba eso de ayudar a autores nuevos.


¿Qué consejos daría al lector de esta revista, hombres y mujeres con ganas de reflejar sus propias historias?

Que preste atención suma a cuanto le aconsejen otros autores, las obras de otros autores, y también sus lectores, pero que se atenga fundamentalmente a lo que él entiende, oscura o claramente, que es su poética, tanto en la etapa de formación como ya en la de maduración. Debe escribir como él lo hace, no como otros le dicen que debe hacerlo. Y también que no olvide que debe escribir como un poeta, no como un período: si no se siente posmoderno –por ejemplo- que no pruebe de disfrazarse porque todo saldrá muy mal. Tampoco debe intentar agradarle a nadie, mucho menos a los críticos y a los autores que, a priori, tratan de escribir para que sus obras se amolden a tal o cual teoría en boga. La teoría deja de estar de moda, se va, y no queda poema alguno detrás de ella. Lo que nuestro hipotético joven autor debe buscar es su propia voz, no los ecos de otras, por más aparentemente “conveniente” que ello le parezca. Y también, que busque influencias, que no las espere, que salga a encontrarse con ellas: si carece de síntesis, que lea a Borges; si su tono es de vuelo bajo, que acuda a Antonin Artaud o se enfrasque en Tate, Pound, Dylan Thomas. La influencia buscada es uno de los grandes remedios para los problemas poéticos.



HEREDEROS DEL CAOS


Paginas de creación- Agosto 2008 -
año 3 - version 10


Poesía y Narrativa

Susana Medina: Donde las mariposas revolotean (Narrativa). Carlos Vásquez: Sin titulo, Foolish ming (poesías). Homero Carvalho Oliva: Poemas de la soledad. Ricardo Juan Benítez: Consejo de amigo (Narrativa). Nieves Jurado: El chico que besó a Marilyn Monroe (Narrativa). José María Barredo Viudes: Sólo artificio (poesía). Francisco Jesús Muñoz Soler: Selección (poesías). Francisco Antonio Ruiz Caballero: Fantasía en verde(Narrativa). Jaime Saenz: La noche (poesía). Rubén Moya Requena: La Fotografía Incompleta. Maria Alejandra Castellanos: Salvaje (poesía). Juan Carlos Vásquez: Relaciones (Narrativa).Reportaje a Luis Benítez por Juan Carlos Vásquez Aforismos: Medinaciones por Susana Medina

Homenaje: Eugenio Montejo

Visual: Hiperrealismo

Vida y obra de Alejandro Jodorowsky

Dos Relatos de Eduardo Martos Gómez

Visceral: Hazzel Jen: 1 + 1= 2. Aleqs Garrigóz: Reconciliación

Inmobiliario Sexual
(Diario de una modelo en New York)

Katrina Vargas Parisi